Poco tiempo después de dicha celebración sucedió un acontecimiento de gran importancia en que ciertos caballeros de Salisbury se vieron implicados. Los buenos caballeros Athar, Gwegon el Indeciso y Morians Le Petit, además de un joven recién armado llamado Aeron, nacido en Silchester pero que acababa de entrar al servicio del Conde Roderick, realizaban una inspección de rutina de las tierras cercanas a Tintagel. Era aún de mañana y una leve niebla se había extendido por toda la región, como un leve sudario blanco, de pronto el sabio Merlín apareció entre ellos, como si surgiera del mismo bosque y la niebla "Saludos caballeros." dijo "Algunos de vosotros me habeis defendido en el pasado y necesito vuestros servicios de nuevo. Seguidme" y sin más se giró y comenzó a andar, sin dar más explicaciones. Athar, Gweegon y Morians recordaban la anterior aventura a la que el hechicero les había conducido y sin temor le siguieron, Aeron no había conocido antes a Merlín, pero llevado por su fe pagana se les unió sin dudar.
Merlín les condujo por veredas estrechas hasta un pequeño claro y allí les encomendó que aguardaran prestos y mantuvieran guardia para protegerle cuando fuera necesario "por el bien del Rey y de Britania". Ellos se dispusieron a esperar confiando en que esta fuera una provechosa aventura para todos. Pasaron las horas y cuando el sol se encontraba alto, y ya la neblina se había disipado, el atento oído de Gwegon el Indeciso, adiestrado por sus largas jornadas de caza, escucho ruido en la espesura "Aprestaos compañeros, algo se acerca". De entre los árboles surgió Merlín, con presuroso andar y gesto serio "Me persiguen caballeros, detenedlos", afirmó sin detener su marcha y señalando brevemente tras de sí. Sólo Gwegon se fijó en que el consejero del rey llevaba algo bajo el brazo y por prudencia no comentó nada a sus compañeros. Se aprestaron y prepararon, y cuando un grupo de caballeros surgió por donde el mago había venido les dieron el alto y se aprestaron a luchar. Gwegon reconoció el escudo de su líder Brastias y no pudo evitar exclamar su nombre con sorpresa.
"Apartaos caballeros, Merlín ha cometido traición contra el rey y debe ser detenido" dijo Brastias lleno de ira. Discutieron brevemente, pero Brastias, cada vez más furioso, ordenó a sus hombres cargar para abrirse paso sin más tardanza, llamando traidores y felones a los caballeros de Salisbury que ante él estaban. Todos ellos se apartaron de la carga, menos Gwegon que intentó detener a Brastias y recibió un fuerte golpe que le derribó del caballo. Todos discutieron que hacer a continuación y finalmente tomaron una decisión, usando a Gwegon como guía se adelantaron al grupo de Brastias e hicieron lo posible por borrar el rastro de Merlín antes de que sus perseguidores pudieran encontrarlo. Fuese como fuese Merlín consiguió escapar, llevando consigo al hijo recién nacido de Ygraine y Uther, y nadie en Britania sabía donde se hallaba. Aeron, Athar, Gwegon y Morians fueron sin embargo retenidos, con graves acusaciones pendientes sobre ellos, acusados de haber sido compañeros en la traición de Merlín.
El conde Roderick envió a Sir Elad y al obispo Roger a hablar con los caballeros, y averiguar que había sucedido. Estos les contaron lo acontecido, pero guardaron silencio sobre su acción de borrar el rastro del mago. Después fueron visitados por un monje tonsurado al estilo romano, y vestido con un sencillo hábito oscuro, que les hizo las mismas preguntas y que recibió igual contestación. Maccalus recibió noticia demasiado tarde de lo sucedido, se encontraba lejos administrando las tierras de su nueva esposa, y no pudo acudir para confortar a sus compañeros. También supieron que otros cuantos caballeros estaban siendo juzgados por el mismo crimen, pues el suyo no había sido el único grupo implicado.
El juicio fue tenso y los caballeros llegaron a temer su ejecución. Brastias expresó su acusación en términos duros y cortantes, acusando especialmente a Gwegon de haberse interpuesto en su camino. El Obispo Roger les defendió con elocuencia y recitando antiguas leyes romanas durante largo tiempo, pero aquello no templó el corazón furioso de Uther y menos el de Ygreine, su reina, que lloraba y gemía ante todos. El rey se dirigió a ellos para que contaran su versión, y Morians lo hizo con floridas palabras pero igualmente guardando en secreto parte de lo sucedido. La reina enfurecida pedía su ejecución, mientras la rabia de Uther era fría y calmada, pero no menos terrible. Sin embargo Sir Roderick puso su buen nombre en juego al defender a los caballeros, recordando los muchos y buenos servicios que algunos de ellos habían hecho al reino.
Sin embargo fue la actuación del monje tonsurado, que no era otro que el obispo de Menevia, Dewi, al que muchos llaman San Dewi aún en vida. Este intercedió por los caballeros acusados, culpando a Merlín y a su magia de lo sucedido, a la brujería pagana con la que podría haber hechizado a unos buenos caballeros para hacer el mal. Esta defensa provocó murmullos, y algunos caballeros que aún practicaban la Antigua Religión se mostraron ofendidos. El rey dudo y reflexionó profundamente, preguntando a sus propios eclesiásticos si tal cosa era posible. Finalmente y con voz grave pronunció sentencia, desterrando al que había sido su consejero, dando permiso a quien lo encontrara en Britania para matarlo en cumplimiento de su voluntad. Los caballeros fueron absueltos y se les dejó libres, pero desde entonces sus nombres siempre se recordarían como los caballeros que condenaron a Merlín.
La noticia fue difundida por toda la isla y muchos se alegraron, especialmente entre el clero y los cristianos más fervorosos, pero otros lamentaron y lloraron en secreto, pues Merlín siempre había servido bien al reino.
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