Toda la hueste de Salisbury partió junto con el rey Uther en dirección a Cornualles en ese año, en cuento la nieve y el hielo dejaron abiertos los caminos al paso de los caballos. El ejército avanzaba con decisión, pese a que muchos no podían dejar de ver que las tropas parecían escasas para tan ambiciosa conquista. Cruzaron las tierras de Somerset con el beneplácito, que no la ayuda, del rey Cadwy.
En tierras de Cornualles el nerviosismo de todos no hizo más que crecer, pues todos podían ver que el terreno quebrado que atravesaban favorecería y mucho a los defensores de esta tierra, en caso de contar con un comandante capaz, y Garlois eran sin duda reconocido como tal.
Cuando vieron el gran ejército córnico reunido contra ellos, bien armados y pertrechados, defendiendo un terreno superior, muchos pensaron que el rey Uther había cometido un error terrible. Entonces ambos gobernantes se dirigieron al centro, para parlamentar. Junto a Uther avanzaba renqueante Merlín, un punto negro entre el brillo del metal y los estandartes de ambos. Garlois se veía viejo en su armadura, pero aún capaz y decidido.
"¡Una Tierra, un Rey!, ¡esa es mi paz!", la profunda voz del Rey Uther se escuchó en todo el claro.
"¡Justicia!" reclamó Garlois en respuesta, con voz clara pese a sus muchos años.
Algo dijo Merlín, pero en la distancia era difícil oírle, pues sus palabras eran sólo para Uther, entonces el rey cogió Excalibur, que pendía de la silla, y la elevó frente a sí. La luz de la mañana arrancó destellos cegadores del acero y un murmullo de admiración se elevó en ambos ejércitos, las tinieblas mismas del bosque parecieron retroceder durante un segundo y algunos, de ambos bandos, incluso plantaron rodilla en tierra ante ella. Las siguientes palabras de Merlín si fueron escuchadas por todos.
"Admirar la Espada del Poder ¡Excalibur! Forjada cuando el mundo era joven y bestias, pájaros y flores eran como el hombre, y se tenía la muerte por un sueño"
El duque parlamentó brevemente con sus hombres antes de contestar, obviamente impresionado:
"Si me doblego ante el poder de la espada, vos ¿Qué cederéis?"
"¿Ceder? ¿Yo?" Uther parecía indignado pero unas rápidas palabras de Merlín parecieron cambiar su ánimo "Todas las tierra que desciende hasta el Mar, como vasallo del rey"
Los nobles de Cornuelles parecieron dudar un segundo, murmuraron entre sí, pero finalmente Garlois exclamo:
"¡Acepto!"
Un grito de alegría su escuchó en ambos ejércitos y pronto ambos celebraban juntos la batalla que no había llegado a suceder y las muertes que no se habían producido.
A la mañana siguiente, el ejército de Uther volvía la espalda a Cornualles y se dirigía, renqueante al principio debido a los estragos de la celebración, hacia Lindsey. Allí se temía que las fuerzas de Octa y Eosa, dos reyezuelos sajones que cercaban al rey Centurión, intentaran atacar el reino de Uther.
En tierras de Lindsey el ejército se dispersó para vigilar la frontera y frenar cualquier posible incursión sajona en Logres. Un grupo de caballeros de Salisbury, unos días después, sufrió el asalto de una columna de saqueadores sajones, que en gran número intentaban forrajear en las tierras fronterizas. La lucha fue dura y varios caballeros sufrieron heridas graves, obligados a mantenerse bajo cuidados médicos el resto del año. Pero la herida más grave la sufre sir Morians le Petit que cae ensartado por una lanza sajona, la cota quebrada y la sangre brotando a borbotones por un profundo tajo.
Los caballeros de Salisbury cuentan las bajas, mientras que los curanderos se afanan en salvar la vida a los heridos, incluyendo a a Morians, que sin embargo parece estar más allá de sus dones. Sir Mor, que se crió no muy lejos de aquellas tierras, recuerda que allí cerca reside un sabio druida, experto en curar las heridas del cuerpo, y que quizás él puede hacer lo que otros no pueden, con la ayuda de los dioses. Sin embargo, Maccalus teme que la magia pagana corrompa el alma de Morians y está a punto de estallar la lucha entre ambos, por decidir el destino del moribundo.
Con mucho cuidado llevan la carreta por caminos y sendas, y llegan al círculo de piedras donde el druida habita, muy poco antes de que el sol se oculte en el horizonte. Este se resiste a usar sus dones, pues teme que Morians muera igualmente y le culpen a él de ello, pero ante la insistencia de Mor finalmente se decide. Tomando la mano del moribundo y la de Mor pregunta:
"¿Estáis dispuesto a sacrificar algo de vuestra fuerza vital por vuestro amigo? Pues sólo la vida engendra vida. Si temeís o no lo deseaís ahora es el momento de echaros atrás"
"No me echaré atrás, que así sea"
Rezando a los dioses de la curación y a los dioses sin nombre de los Antiguos, el druida vertió agua fría sobre la herida y la vendó cuidadosamente. Mor se sintió desfallecer, casi cae al suelo por la debilidad que le invadió, pero se mantuvo en pie pese a todo. Sentía como si una parte de él, una parte pequeña pero importante, le hubiera abandonado entrando en Morians. La respiración de Morians era, ahora, más regular, y su pulso latía fuerte y, aunque siempre le quedaron secuelas de esa herida, sobrevivió a la larga noche.
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