sábado, 1 de agosto de 2009

La espada del lago (486)

Mientras realizan labores de guarnición Sir Athar, Sir Gwegon y Sir Morians le Petit, se encontraron con una escena realmente peculiar, un extraño anciano pedía su ayuda para recuperar una magnifica cabra que se le ha escapado, les suplica y solicita con ruegos que le ayuden. Tras mucho dudar se deciden a ayudarle, pero sin concederle toda su confianza, sólo Sir Gwegon partió de todo corazón a buscar al animal y lo siguió al interior del bosque mientras que sus dos compañeros permanecían atrás, manteniendo un ojo sobre el anciano. Cuando de pronto surgió tras la colina un gigante, llevando en sus fuertes manos la cabra del anciano. Gwegon tras intentar razonar con el gigante, acción que se demostró infructuosa, trabó combate con la criatura que con un rugido y brutal furia le derribó con un poderoso golpe dado con el tronco de un árbol joven, arrancado de la tierra. Sir Morians entonces se lanzó para intentar salvar a su compañero herido de la muerte segura a manos del brutal gigante, y sir Athar se lanzó ahora sin dudar también a la lucha, los golpes del gigante derribaron también a Athar cerca de la muerte. Morians en solitario hizo frente a la criatura, luchando a la defensiva, esquivando como podía los golpes del monstruo desesperado sin poder lanzar ningún contraataque ante la gran fuerza del ser. Sin embargo el anciano se acercó al derribado Sir Gwegon y con premura le refresco y ayudo a ponerse de nuevo en pie, señalando a la desigual lucha de su compañero "Caballero, es momento de ser valiente, y demostrar que eres digno" Con gran determinación Gwegon cargó contra la criatura, ya herida en varios puntos, algo débil ya por la pérdida de sangre. Con un grito violento y sin preocuparse por la defensa atacó el caballero, su espada trazó un amplio círculo y tajó el ojo derecho de la criatura clavándose en su cerebro bestial.

El anciano, que no era otro que el sabio Merlín bajo un disfraz, entonces desveló su identidad, y la impostura de la que los caballeros habían sido objeto, como una prueba de su capacidad para enfrentarse a un peligro mayor, con una mayor recompensa. "Debeis dejar aquí vuestros caballos, y a vuestros escuderos que los guarden, donde vamos no os serán útiles" entonces, les guió por trochas secretas a una región del bosque que nunca habían conocido, hasta la ribera de un lago cubierto por nieblas engañosas, e iluminado por una luz fantástica. "Atención caballeros el peligro acecha, pero silencio, no despertemos a los guardianes antes de tiempo" les dijo el mago mientras avanzaba entre los árboles, con su bastón en alto. Pero entonces desde las umbrías profundides de la floresta surgió un extraño ruido, entre un chapoteo y el ruido de un caballo al galope, una figura fantástica comenzó a perfilarse entre las sombras. Parecía un caballero cubierto de algas y légamo, un espectro escupido por las profundidades del lago, con dos espadas gemelas y montado en un caballo igualmente antinatural. "¡Atacad ahora caballeros! Por el bien del rey y de vuestras vidas"

La lucha con la criatura fue cruenta, pero unidos los caballeros consiguieron aguantar el terreno y derrotar a la criatura, que se deshizo en una informe masa de algas y barro, dejando a sus oponentes sorprendidos y asqueados. Merlín les felicitó alegremente, mientras bajo su capa ocultaba una hermosa espada de buena artesanía, que relumbra aún bajo la escasa luz del bosque. "Bien hecho caballeros, grande es la deuda que el reino tiene con vosotros, ahora debo irme, pero vuestra ayuda no será olvidada" les guió entonces de vuelta a las tierras conocidas y desapareció siguiendo su antiguo camino.

Los tres caballeros, aún sorprendidos por la sobrenatural ocurrencia volvieron a gran velocidad a Sarum y pidieron audiencia con el conde, que les dio grandes muestras de amistad y celebró en su honro un gran festín, donde tuvieron que contar más de mil veces lo sucedido en el bosque.

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