sábado, 29 de agosto de 2009

La campaña de Cornualles (491)

Tras una muy breve corte en Londres las tropas de Logres fueron reunidas y ordenadas para un rápido avance contra Cornualles. La urgencia del rey era bien visible, y algunos temían que su furia hubiese nublado su buen juicio. Los más de los caballeros callaban sus opiniones pero algunos, lejos de los oídos del rey, criticaban que el ejército se convocara para luchar contra britanos y no contra los sajones.


El ejercito avanzó resueltamente, y por el camino se les unían contingentes de las tierras que cruzaban, pues el rey había decidido marchar cuando aún el ejército no estaba totalmente reunido. Con gran saña penetraron en Cornualles las tropas reales, arrasando la tierra a su paso, pero sin encontrar batalla. Recibieron noticia de que el duque Gorlois había reunido a sus tropas y las había refugiado en sus dos fuertes castillos, el de Terrabil y el de Tintagel. Decían también que, mientras él se había retirado a Terrabil con la mayor parte de su ejército a Tintagel, fortaleza casi inexpugnable, se había marchado la Duquesa, con el tesoro del ducado. El rey entonces decidió dividir también sus tropas y, mientras él con un contingente menor partía hacia Tintagel, Madoc con el resto del ejército permanecería cercando a Gorlois e impidiendo que saliera. Tanto Athar como Gwengad decidieron partir con el rey a Tintagel y les fue concedido permiso, mientras que el resto permanecían con Madoc en Terrabil. El doble asedio continúo durante muchos días, en que sólo los peones y arqueros luchaban, sin resultado ninguno. Ambos castillos parecían firmemente cercados pero tanto unos como otros contaban con abundantes suministros y no parecía que fueran a ser derrotados por hambre.


Finalmente una noche, cuando los caballeros dormían, Gorlois salió de Terrabil por una poterna secreta y atacó el campamento de los del rey. Sus caballeros causaron gran mortandad, enardecidos por su lealtad y aprovechando su ventaja, antes de que el ejército pudiera reunirse ni formar líneas. Maccalus y Mor llamaron a sus escuderos y se armaron al punto, pero Morians tomó caballo y sus armas y salió a la batalla, sin molestarse en ponerse la cota ni el yelmo. Mientras Maccalus y Mor todavía tomaban sus monturas la lucha llegó hasta ellos y tuvieron que abrirse paso dando fuertes tajos. En medio del combate Madoc elevó el estandarte del reino y, cubierto con su cota pero con la cabeza descubierta, clamaba con fuertes gritos a sus caballeros que se reunieran bajo él. En esto el duque Gorlois vio el estandarte y, pensando que el rey se encontraba allí, se abrió paso entre los enemigos y cargó hacia allí, pidiendo la presencia del rey a grandes voces. Mientras Morians casi perece a manos de un caballero de Cornualles, que le dio un fuerte golpe con su lanza que le quebró el escudo causándole una gran herida y derribándolo, su escudero consiguió sacarle de allí. Mor también fue derribado, pero aún con graves heridas decidió continuar a pie e intentar abrirse paso hacia Madoc. Entonces otro caballero, Sir Ysgarran del Fuerte Brazo, cayó sobre él y tajando fuertemente quebró su yelmo y le clavo la espada en el cráneo, matándole al momento.


Mientras, Maccalus se había lanzado también hacia delante, ignorando a los oponentes más cercanos, y se encontraba muy cerca del príncipe; entonces Gorlois realizó una finta, arrebatando la espada de la mano del hijo de Uther, y con una fuerza sorprendente quebró la cota de este y le tajo en el hombro, tan profundamente que se clavó en el hueso. Maccalus cargo al punto, pero su golpe fue débil y la buena cota que vestía el duque desvió la mayor parte. Durante un largo rato el caballero y el duque intercambiaron golpes, pero estando este cegado por su furia Maccalus no consiguió herirle más que ligeramente y los golpes de Gorlois tampoco consiguieron derribar a Maccalus. Entonces llegaron más caballeros de ambos bandos y Gorlois fue finalmente derribado y muerto. Con esto sus tropas perdieron valor e ímpetu y fueron finalmente derrotadas. La mortandad había sido mucha, y las tiendas y suministros estaban en llamas, pero el castillo había caído al fin.


En Tintagel el asedio también transcurría lentamente, con escasas oportunidades para que los caballeros mostraran su valía. En la tarde del mismo día en que el Duque haría su salida en Terrabil Merlín llegó al campamento real y se encerró a parlamentar con el rey, después salieron juntos del campamento y se perdieron en la noche. Al poco comenzó a elevarse una densa niebla, que cubría el campamento del rey, y dejaba al castillo casi oculto. Maccalus y Athar se encontraban de guardia aquella noche, y vieron como el rey y Merlín partían, y como la niebla se alzaba con una rapidez anormal. Escucharon atentamente y oyeron gritos en el castillo que clamaban que debían abrir las puertas que el duque había regresado. Poco más pudieron averiguar y se fueron a dormir, con sueños intranquilos de sangre y dragones que la mayoría del campamento parecía compartir.


Temprano a la mañana el rey Uther, con aspecto cansado, recibió mensajeros que traían con ellos las nuevas de Terrabil, grande fue el quebranto que sufrió al saber de la muerte de su hijo pese a la victoria, y abandonó la sala del trono para llorar en privado. Grande fue la pena del rey pese a la victoria. El cadáver del duque llegó poco después, para ser llorado y enterrado por sus hombres, y la noticia de lo sucedido en Terrabil desconcertó a Gwegon, que a todo el mundo contaba lo que había oído la noche anterior. Los más creían que se había equivocado pero algunos pensaban que quizás había sido una premonición de lo que sucedía en el otro castillo. La duquesa se rindió ante el rey junto con sus domésticos y la bandera de Gorlois fue arriada de las altas torres. Los caballeros de Salisbury fueron asignados junto con otros a guarnecer los castillos de Cornualles mientras el rey pensaba que hacer con el nuevo dominio.


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