martes, 18 de agosto de 2009

Incursión en tierra sajona (488)

Mientras sus compañeros marchaban a Somerset otros caballeros de Salisbury tenían en mente otros planes. Sir Jaradan, ansioso de gloria y de fama, pidió permiso al conde para formar un pequeño contingente dispuesto al saqueo de las tierras sajonas de Sussex, cruzando los territorios britanos de Silchester. A estos voluntarios se unieron tanto Sir Gwegon el Indeciso y Sir Mo ap Cors, que pensaron que el combate les ofrecería más gloria que una simple embajada.

Cruzaron las tierras en paz y prepararon planes, aunque hubo cierto desorden sobre quien debía mandar la operación y las órdenes a seguir. Finalmente, en pequeños grupos penetraron en tierra enemiga, buscando riquezas fáciles de transportar o, si no, susceptibles de ser destruidas. La suerte pareció acompañarles y ninguna patrulla sajona les había visto cuando vieron en la distancia lo que parecía un templo dedicado a los sanguinarios dioses sajones. Mandaron exploradores para descubrir si el templo ocultaba quizás tropas enemigas, y mientras esperaban a que volvieran los dos jinetes una niebla muy densa se elevó en todo el valle, hasta hacer imposible ver más allá de unos pasos. Los miembros de la expedición se revolvían nerviosos, esperando a que los exploradores volvieran. Finalmente uno volvió, inconsciente sobre su silla, del otro no había ni rastro. Tras una rápida discusión decidieron abandonar la zona del templo y volvieron hacia el norte, mientras la niebla se convertía en una abundante lluvia.

Desanimados por lo sucedido muchos querían abandonar pero Gwegon, Jaradan y Mor estuvieron de acuerdo en volver a cruzar la frontera, en otro punto para continuar con el saqueo. Pero ahora las patrullas sajonas estaban al tanto de su presencia y una fuerza más numerosa cayó sobre ellos. Aprestándose a luchar lo hicieron con tesón y consiguieron vencerles, incluyendo un gran guerrero que Sir Mor atravesó con su espada, pero con varios heridos graves tuvieron que abandonar definitivamente sus planes de saqueo y volvieron hacia Salisbury, con un sentimiento agridulce y más bien poco botín.

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